lundi 3 juillet 2017

error grosero del Financial Times sobre Cataluña

Si el artículo del Financial Times del 29 de junio sobre Cataluña no fuera ya tan comentado en el mundo entero no sería preciso darle más publicidad. Pero la propagación de sus conclusiones erróneas induce a algunos decisores financieros y políticos en una tremenda sorpresa al otuño.

El periodista corremundo Tobias Buck, ya desplazado a Berlín al momento de la publicación de su papel, hizo un admirable trabajo de periodismo porque la visibilidad de su empresa le abrió las puertas de personalidades, hasta el mismo Oriol Junqueras. Algunas de las personas a quienes entrevistó también le orientaron hacia lugares simbólicos del nuevo renacimiento del movimiento independentista. No obstante queda siendo periodismo, una compilación de declaraciones orales recientes cuya actualidad perime con la salida del próximo número de dicho periódico. Ningún lector puede tomar una conclusión apresurada sobre la base de estas impresiones de un correspondiente extranjero basado en Madrid que, en algunos días de verano, elabora su apreciación de un movimiento popular contando las banderas en los balcones y su estimación de la calidad de vida admirando los países recorridos en trén. Estas cuestiones merecen un poco de lectura, al menos en español e idealmente en catalán, aunque ningún decisor espere "periodismo de investigación" (y aún menos una síntesis de inteligencia) de parte de un periódico como el Financial Times, el cuál tendría por su parte que limitarse a la transcripción de sus entrevistas, ciertamente bien seleccionadas y bien conducidas, sin intentar interpretar su propia falencia de búsquedad como una ausencia de materia.

La frase que sintetiza el artículo es la que afirma "el hecho que los pilotos catalanes de la independencia intenten una vez más organizar una votación en lugar de preparar la independencia misma". En realidad, que los independentistas estén preparando una votación en lugar de la independencia no es un hecho, es una opinión. Es una opinión infundada ya que fue construída sobre la sencilla base de esas charlas, sin investigación documentaria. Y es una opinión errónea ya que queda desmentida por los hechos. El Financial Times publicó quince páginas de una persona que no oyó hablar, por falta de buscar leer, ni del Libro Blanco sobre la Transición Nacional, ni del Consejo Asesor para la Transición Nacional del cual la prensa madrileña reportó el mes pasado la disolución (tardía e inútil) por el Tribunal Constitucional español, ni del paquete de Leyes de Transición, del cual una pretendida muestra publicada por El País el 22 de mayo conmocionó fuertamente a España, ni de la Asamblea Constituyente que es actualmente la prioridad de trabajo del gobierno y del parlamento catalanes.

La verdad es que el referendum pertenece, para la dirección catalana, ya al pasado, aunque quede el tema dominante del discurso muy democráticamente dirigido a la comunidad internacional. En cuanto a la posibilidad de que el gobierno español logre impedir su celebración a pesar de que ya haya sido anunciado por la prensa de todo el mundo el 10 de junio, ya fue tomada en cuenta por la famosa cláusula de desbloqueo.

Que el Financial Times se sienta obligado a dedicar antes de la temperatura de las playas quince páginas al síntoma catalán de la crisis de unidad española, aunque no haya encontrado nada por falta de haber buscado, es más que todo sintomático de la victoria catalana en el frente de la comunicación internacional. Aunque uno no tenga nada por decir hay que hablar del tema porque todo el mundo lo hace, pero si todo el mundo lo habla es precisamente porque la comunicación del catalán Romeva lo ganó altamente sobre la órden de silencio del español Rajoy. Por supuesto si el propósito de este artículo era confortar el partido popular y el partido socialista españoles en su denegación de gravedad y su auto-condena a una sorpresa tremenda en septiembre, encontró el tono idóneo. Pero los indignados de "Cataluña en Común" también se están preparando una sorpresa si toman sus electores por lectores crédulos del Financial Times y piensan poder sobrevivir en el andén al choque de trenes. No hay nada de separatismo legalista o de garantías de impunedad en caso de fracaso, pero lo que salta a la vista de cualquier observador serio es la irreversibilidad del proceso de transición. Los electores lo habrán seguramente todos entendido antes del 1er de octubre, que sean por o contra la independencia.

Al contrario de la afirmación errónea del Financial Times, la dirección independentista habla del referendum pero prepara activamente la independencia.

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