mercredi 25 janvier 2017

falsos cascos blancos – Rusia pide a la ONU

El 17 de enero de 2017, Rusia decidió pedir a la ONU que denuncie los numerosos abusos cometidos por los falsos cascos blancos.
 
Esta oficina de propaganda de la coalición islamo-atlántica contra Siria está financiada en 50% por el gobierno inglés y en 29% por el gobierno estadounidense (según las declaraciones de ambos gobiernos); otro contribuidor es George Soros, cuya organización estadounidense Purpose posee el domini internet whitehelmets.org. Fue promovida a la celebridad por las agencias de prensa de la OTAN (AP, AFP y Reuters) el 30 de septiembre de 2015, cuando estos falsos cascos blancos se apresuraron (un poco demasiado) en publicar testimonios y "pruebas" videográficas del carácter indiscriminante de los bombardeos que la aviación rusa iba a comenzar horas más tarde. Además de su usurpación de la apelación White Helmets, fue también presentada mentirosamente como la defensa civil siria (reconocida por la ONU, la OMS, el CICR y la Organización Internacional de Protección Civil), y luego como una rama "humanitaria" de la milicia pretendida moderada de Al-Qaeda en Siria renombrada Frente Al-Nosra pues Fatah Al-Sham, aunque sus miembros se graben a veces en delito flagrante de falta de humanitarismo, para no decir de terrorismo, en oportunidad de ejecuciones arbitrarias por ejemplo, como los mostraron las encuestas pormenorizadas de la periodista Vanessa Beeley.
 
Recomendada al comité Nobel por la mayoría de los grupos de presión para-gubernamentales de los miembros de la OTAN, objeto de una película estadounidense difundida en el mundo entero por Netflix, autor de una campaña de comunicación lagrimal ("el niño en el asiento naranja") concebida para explotar el  sentimiento de culpabilidad europeo generado por la fotografía del chico kurdo sirio muerto en la costa turca luego de haber sido expulsado de Kobané por los bombardeos turcos, esta oficina de propaganda fue recibida oficialmente por el presidente de la república francesa el 9 de octubre de 2016.
 
El 20 de septiembre de 2016 esta oficina produjo, casi en vivo, imágenes de la caravana humanitaria quemada, como anunciado pocos días antes, por la guerrilla islamista ocupando Alepo-Este, y acusó a la aviación rusa de haberla bombardeada (cuando todo mostraba lo contrario), buscando obviamente a desviar la atención del bombardeo del ejército sirio por la aviación estadounidense el 17 de septiembre.
 
Más recientemente, el 2 de enero de 2017, los falsos cascos blancos reivindicaron (por la "declaración de Wadi Baradá", así como cuatro demás movimientos de la guerrilla islamista, el corte y el envenenamiento, desde el 22 de diciembre de 2016, del agua del río Baradá que abastecía a más de cinco millones de Damascenos, lo que la ONU calificó correctamente como crímen de guerra aunque sin nombrar a los autores.
 
Rusia fue obligada a intervenir sí misma ante la ONU porque Argentina eligió determinadamente no denunciar la usurpación de su bandera, sobre la cual se llamó la atención de dos ministros sucesivos de asuntos exteriores, el 1er de octubre de 2015 y el 23 de agosto de 2016.
 
El 30 de septiembre de 2015, Stéphane Dujarric de la Rivière, portavoz del Secretario General, abusado por las mentiras de los falsos cascos blancos, había acusado a Rusia de homicidio de civiles en Siria, y algunas horas más tarde su asistente Farhan Haq había desmentido la información y explicado que la ONU había sido intoxicada por los White Helmets. Precisamente desde la resolución 49/139 del 20 de diciembre de 1994, las Naciones Unidas llaman así, y exclusivamente, a la comisión Cascos Blancos del gobierno argentino. Entonces al día siguiente 1er de octubre de 2015, ante la falta de reacción oficial argentina, un profesor de política internacional llamó la atención del ministro de Relaciones Exteriores argentino Héctor Timerman, autoridad de tutela de los verdaderos Cascos Blancos. Hay que acordarse que a pesar de un discurso reivindicado como "anti-imperialista" la presidente Cristina Fernández de Kirchner había dictado al gobierno argentino una posición pro-estadounidense y anti-rusa, y que en dos años en el Consejo de Seguridad Argentina votó al menos dos veces resoluciones mayores contra Rusia, en el caso a propósito del referendum en Crimea, y bajo un pretexto falso. A principios de octubre se publicaron artículos denunciando la impostura de los falsos cascos blancos, sin que venga ninguna reacción argentina.
 
No obstante la Asamblea General de la ONU, por su resolución 70/105 del 10 de diciembre de 2015, renovó, como cada año desde veinte años, su reconocimiento y su apoyo a los verdaderos Cascos Blancos argentinos, nombrados White Helmets en las resoluciones en inglés.
 
El 23 de agosto de 2016, a raíz de la inflación de la propaganda atlántica en favor de la atribución del premio Nobel de la paz a los falsos cascos blancos, el mismo perito llamó la atención de la ministra de Relaciones Exteriores argentina Susana Malcorra, acaso menos incompetente que su predecesor (y más al tanto del funcionamiento de la ONU) pero entonces enfocada en su candidatura a la sucesión a Ban Ki-Moon en el puesto de Secretario General. El resultado fue lo mismo, ya que el gobierno argentino de Mauricio Macri había obviamente decidido prestar la credibilidad de los verdaderos Cascos Blancos (no obstante desplegados en aquel momento en el Líbano para aliviar los sufrimientos de los Sirios) a los falsos, contribuyendo así a la propaganda de la coalición islamo-atlántica anti-siria.
 
Es por el encubrimiento argentino de esta impostura de los falsos cascos blancos, y por la gravedad de las calumnias proferadas por éstos (usurpando la credibilidad de los verdaderos) contra el gobierno ruso, que le ministro de Asuntos Exteriores Sergueï Lavrov tuvo que pedir a la ONU que denuncie estas mentiras.

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