samedi 26 juillet 2014

cesación de pago argentina

Se está anunciando para la semana que viene la próxima cesación de pago gubernamental argentina, que el gobierno anglódulo llama "difolt" (del inglés escrito "default") para no añadir a las falencias, los defectos y las fallas del país (o por persistente ignorancia del idioma español). Dicho gobierno sigue anunciando que, en tres días, fallerá a sus obligaciones y cesará el pago de su deuda reestructurada, por un dictámen judiciario extranjero de pagar primero a los "joldaúts" (del inglés escrito "hold-out") que no suscribieron a una de las dos ofertas (2005 y 2010) de conversión voluntaria de bonos destinadas a evitar una franca falencia.
 
Del punto de vista técnico la falencia tocaría solamente 1,4 mil millones de dólares, aunque el gobierno argentino no se tome la pena de hacerlo saber.
 
Del punto de vista estratégico un falso número muy superior fue ampliamente publicado y comentado por los Estados Unidos de América todavía en búsqueda (por necesidad propia) de la definición internacional de un estatuto oficial de "país quebrado" (como lo decían en 2002), y nunca corregido por un gobierno argentino cuya competencia principal no es la diplomacia, como regularmente demostrado acerca de las Malvinas, en donde se obstina en un discurso ideológico (afectivo y favorable al Reino Unido) por desinterés del derecho internacional (factual y favorable a Argentina).
 
El falso argumento gubernamental es que si paga esta condena tendrá que acordar un trato idéntico a los creditores que aceptaron la conversión voluntaria, lo que es jurídicamente exacto para una fracción de estos creditores, los que compraron bonos emitidos en el mercado obligatario argentino (pero no los que compraron bonos emitidos bajo otras jurisdicciones), o sea un compromiso virtual total de entre 9 mil millones de dólares, según los economistas, hasta 15 mil millones, según el gobierno. La verdad es que si la presidente (autoproclamada "Presidentá") tenía alguna esperanza de poder tomar más préstamos del extranjero cuidaría la credibilidad (fama de buen deudor) del país, pero como no es el caso prefiere gastar hasta el último centavo antes de pasar las cajas vacías (y la fama de deudor incumplidor) a su sucesor. Como en otras latitudes el problema fundamental (pero la Argentina tiene la disgracia de no tener fundamentos anteriores o superiores a su constitución) es él del sistema de interino institucionalizado, que fomenta la irresponsabilidad (nadie para "responder de" más allá de su mandato electo).
 
Lo cierto es que quedan menos de 30 mil millones de dólares en las reservas del Banco Central, no renovados o reemplazados desde la extinción de las exportaciones por sobreimposición fiscal y subconversión confiscatoria socialista. Como ya se demostró en otros continentes, la economía "dirigida" estatal puede imponerse a nivel interno pero no logra convencer al mundo libre exterior.
 
Por ejemplo, para continuar las subvenciones al sector energético argentino cuyo presupuesto subvencional para el año 2014 completo ya está agotado de nuevo a pesar de haber sido ampliado el mes pasado, el gobierno imprimirá más pesos de lo planificado (fomentando aún más inflación): la impresión electrónica moderna no cuesta un gramo de papel, basta con mover la coma o añadir ceros en la línea contable correspondiente. Pero con estos pesos de tasa de conversión oficial falsa, y además todavía no convertibles en el exterior, las empresas productoras de electricidad no podrán comprar más petróleo del extranjero: cual que sea la cantidad de pesos que se los dé y pida en cambio, la única moneda que pueden usar para comprar petróleo en el extranjero es el dólar, o sea estos 30 mil millones que, al ritmo de 15 mil millones por año (más el posible pago a los creditores indóciles), sin importar nada más (lo que no es posible) y esperando que el precio internacional del petróleo quede estable (pero el gobierno es más oratorio que rezador), no alcanzan ni para dos años. Y, hasta en el mediáticamente pretendido Mercado Común del Cono Sur, el gobierno argentino no logró (o no intentó seriamente) hacer aceptar por Brasil el peso como medio de pago al igual del yuan renmimbi oficialmente inconvertible (pero sólido) aceptado por Brasil; se puede reír cuando Renault Argentina anuncia no poder más importar vehículos de Renault Brasil, se reirá menos cuando el próximo gobierno, después de haber inmediatamente duplicado el precio interno de todas las energías (combustibles automotores y electricidad domiciliaria e industrial), tendrá que hacer aceptar, es decir imponer, las restricciones inevitables.
 
Porque es a donde va el país, independientemente del "difolt" para con los "joldaúts". La falencia o cesación de pago del 30 de junio de 2014 no tendrá ninguna consecuencia visible inmediata para el ciudadano de base (podría bajar un poco el cambio de la moneda nacional pero de toda manera nadie conoce su valor verdadero y en el extranjero no tiene valor si no es convertible).
 
Pero en el mejor escenario (existe un peor) el final de 2015 ya verá penurias de energía, enero de 2016 verá la duplicación o triplicación repentina del precio interno de todos tipos de energía, y el invierno de 2016 verá, literalmente, muertos de frío en Argentina.

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